Transtextos
Relato2 de marzo de 2026· 5 min

Destino diferido

MA
Mario Acuña
@marioacuna

El monitor multiparámetro indicó que Sandoval había muerto, pero la robusta enfermera insistió en que abandonara a la cama clínica y se dirigiera con ella al pasillo central; Sandoval obedeció y siguió el camino que ella marcaba con bruscos empujones en sus hombros y escápulas. Él ignoraba adónde lo llevaban, pero su sentido común le sugirió que luego de su ictus el paso más probable sería vérselas con el tomógrafo al que tanto temía. En su recorrido, se enorgulleció de que su dinero pudiera pagar la mejor salud del mundo, pero, aun así se sintió ofendido por la obscena elegancia del lugar y por la intensidad del aroma a lavanda que emanaba por doquier. Para llegar al resonador, su acompañante lo hizo subir cinco escalones angustiantes. Una vez arriba, sintió como la mano inmensa de la mujer trepó su

nuca y empujó su cabeza con brusquedad hacia el escàner. Tan pronto puso el cuello sobre el soporte, advirtió que sobre este se cerró un seguro que supuso necesario para evitar que moviera la cabeza durante el examen. Sandoval sintió tanto miedo que pensó que su cuerpo no le pertenecía. Dejó de resistir y relajó su mandíbula para que la lectura fuera perfecta y no tener que repetir una visita incómoda.

Afinó el oído para escuchar los sonidos hipnóticos de la estructura rotatoria de la unidad, pero solo llegaron a él alucinaciones narcóticas en forma de gritos lejanos que decían cosas como :«À mort les traîtres !», «Vive laRépublique !», «Vive la Nation !». Poco después escuchó un grito cercano que ordenaba: « ¡Maintenan!!».

Justo entonces, la pesadilla concluyó en total oscuridad.

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Mario Acuña

@marioacuna