Transtextos
Relato25 de enero de 2026· 5 min

El otro sospechoso

JD
Javier Dominguez
@javier-dominguez

Nota preliminar:

Julio Cortázar nos dijo que el cuento es tan diferente de la novela como lo es una fotografía de una película. El primero es la mirada congelada de un instante y el segundo un flujo de momentos; no necesariamente lineales, no necesariamente conclusivos y, además, con personajes de varias aristas.

Desde hace rato he pensado en las películas como cuentos (los filmes tienen una limitación temporal), pero con personajes de novelas (protagonistas a veces planos y a veces poliédricos). Además, las películas —y las novelas— admiten los finales abiertos, algo que la mayoría de los cuentos no perdona.

Y es en el desenlace abierto de la película “Los sospechosos habituales” (The usual suspects, 1995), dirigida por Bryan Singer, de donde nace este relato, una secuela imaginaria de la película.

Espero que este relato motive a verla quienes no la conozcan y sea del agrado de los conocedores de este nuevo clásico del cine negro.

Javier Domínguez

El otro sospechoso

Durante treinta años, el Comisionado Dave Kujan ha buscado a Verbal Kint, un criminal renco y de poca monta, pero quien él cree es en realidad el legendario capo Keyser Söze.

Aquella vez, el Comisionado dejó ir a Kint luego de interrogarle sobre un barco incendiado en el puerto. Pero unos minutos después de concluir que no era alguien relevante para la investigación, se dio cuenta de que Kint lo había engañado. Cuando salió a buscarle ya el renco se había esfumado entre la gente, en el aire. Kujan ha tratado desde entonces poner a Verbal Kint de nuevo en la fila de reconocimiento de sospechosos.

Su obsesión por capturar a Kint se ha vuelto legendaria en el Servicio de Aduanas e incluso hay un grupo de agentes que apuestan a si lo atrapará o no. Kujan se ríe cuando Chad Monroe, su segundo al mando, le confiesa en la fiesta de retiro en un bar que existe la Söze Lottery. Una quiniela cuyo premio acumulado ha ido engordando por años y en vista de la salida del Comisionado de la Agencia, pues, el dinero le será entregado como un regalo de despedida.

Kujan levanta su jarra de cerveza, hace alguna broma sobre la lotería, invita una ronda de tragos y da por terminado —al menos para él— el asunto Söze. En ese momento, entran al bar un par de agentes y le informan que se realizó una redada en el área de almacenamiento de un puerto de Miami. Se inspeccionaron varios contenedores con discrepancias en sus manifiestos y se incautó más de una tonelada de fentanilo, hay algunos detenidos.

Kujan les dice que ahora todo eso pasa a manos de Monroe, pero uno de los agentes le dice que uno de los detenidos es de apellido Kint.

«Se llama Kint; Stimwie Kint» dice el agente y continúa: «Es un tipo joven, dice ser familiar de Verbal Kint y tiene información sobre él. Pero que sólo hablará con el Comisionado Kujan».El Comisionado se niega en primera instancia a asistir al interrogatorio, después de todo, a la mañana siguiente él ya no tendrá potestad para decidir nada.

Sin embargo, esa misma madrugada reconsidera su posición cuando se detiene en una tienda de conveniencia a comprar unas aspirinas para la resaca. Al marcharse, advierte que hay un tipo sospechoso al fondo de la tienda. El tipo habla locuazmente con su reflejo en el vidrio de una nevera, se ríe de sus propios chistes. Kujan sale de la tienda y cuando el hombre locuaz cree que ya se ha ido, saca un revólver, apunta al cajero y se distrae viendo cómo sacan los billetes de la registradora. Entonces, Kujan vuelve a entrar a la tienda y sorprende al atracador poniéndole su pistola en la nuca.

«No tan hablachento ahora, ¿cierto?» (Not so verbal now, right?)

Poco después, Kujan entrega al hombre a unos patrulleros que llegan a la tienda. Él sube a su auto y piensa en lo que dijo al atracador y en la palabra «verbal» que repite una y otra vez en su cabeza y ya en la entrada de su conjunto residencial da la vuelta y decide ir a ver al tal Kint que capturaron.

Para la mayoría de las personas es necesario tener un cierre en sus asuntos importantes. Pero para un policía, la conclusión no es sólo un deber, sino un destino.

Así, a una hora imprecisa de la madrugada, despiertan al sospechoso Stimwie Kint y lo llevan a un cuarto de interrogatorio donde un ojeroso y trasnochado Dave Kujan le espera. El Comisionado da inicio al interrogatorio presentándose y preguntando al joven Kint si tiene algún nexo con Verbal Kint.

***

Entonces empieza el segundo acto de la película, una historia intermedia que poco tiene que ver con la inicial, pero que dará los elementos indispensables para volver a la primera y cerrarla. Un esquema similar al usado por Stanley Kubrick en 2001 (Aparece un Monolito Misterioso—Viaje y Situación Hal—Revelación del Monolito). Este es un esquema que usó mucho antes Jorge Luis Borges en varios de sus relatos más conocidos, el esquema puede simplificarse a: Historia A—HIst. B—Cierre Hist. A; como en El Aleph o en El jardín de los senderos que se bifurcan. La mención de Borges no es gratuita, porque la historia intermedia es una adaptación de su relato “El muerto”:

Un joven aspirante a delincuente llamado Stimwie Kint ha oído de su padre la historia de un familiar lejano llamado Verbal Kint quien, a su vez, parece estar ligado a las altas esferas de la mafia. El nombre de Keyser Söze suena alguna vez.

El joven Kint cambia su nombre por el de Ben Otis (una clara referencia a Benjamín Otálora, protagonista del relato borgiano), viaja al sur de EE.UU. y se une a una banda de contrabandistas vinculada a Verbal Kint.

Otis se desempeña con eficiencia en su labor como soldado de la banda, escala rápidamente (algo inevitable en un medio en el que la violencia es moneda de cambio y los competidores suelen morir). Otis descubre que la fuerza bruta es una destreza condenatoria porque los tipos rudos sólo trabajan (o viven) hasta que otro más rudo llega.

Él se da cuenta de que para llegar a los predios de Verbal Kint la inteligencia es la carta a jugar y de esa manera se subordina sus competidores en la banda e ingenia maneras de asestar golpes con pérdidas limitadas a los jefes intermedios, de tal forma que va limpiando el camino hasta que recibe un día una invitación a un rancho en Texas. El Jefe, quiere verle.

Otis llega a la casona en el rancho. Una mujer hispana lo recibe. De unos treinta y tantos, delgada, piernas largas, cabello oscuro y peinado alto. La mujer le lleva al despacho de Kint que está en un zaguán que conecta la sala con el patio interno. Hay un escritorio en la mitad del pasillo y está lleno de papeles, desordenado, con marcas de tazas y botellas. Detrás del escritorio está Kint y le invita a sentarse. Otis lo hace, luego la mujer pasa como una sombra detrás de él y se ubica a la izquierda de Kint. La mujer lleva dos vasos de té frío, le da uno al capo y el otro es para ella.

Verbal Kint le habla del seguimiento que le ha hecho a su meteórica carrera, le agrada tener gente así en su equipo. También le indica que él es el apropiado para realizar un par de trabajos con unos dealers de metanfetaminas. Otis sabe que es una prueba de campo, no menosprecia la tarea, aunque dice: «Parece fácil» y mira a la mujer. Ella disimula una sonrisa llevando el vaso de té a sus labios. Kint se pierde entre el desorden de papeles buscando las señas de los dealers. Otis ve a un hombre envejecido y agobiado.

Kint le ordena a uno de sus lugartenientes, Bandley (que suena a Bandeira, como el otro protagonista del cuento original), que asista a Otis. Ambos van a la búsqueda de los dealers. Hay escaramuzas, momentos de peligro en los que Otis le salva el pellejo al lugarteniente.

También hay algunos retornos al rancho para dar reportes a Kint. Él rara vez está, pero la mujer, sí, siempre. Otis, cada vez más astuto y desalmado, cumple con sus asignaciones y regresa para dar sus reportes al capo, pero, sobre todo, para beber té frío con la mujer. En este momento el espectador ya sabe que se avecina un tórrido y oculto romance entre ambos.

Bandley se hace cercano a Otis y reúne un grupo de hombres para formar un equipo de tareas. Otis empieza a tener más responsabilidades; hace contactos con varios proveedores, hace acuerdos ocultos, el negocio crece, Kint está satisfecho con los resultados, alguna vez conversa con Otis y éste le cuenta algo de su encuentro con Kujan, el único policía que estuvo cerca de atraparle, Kint lo respetaba. Cuenta las artimañas que usó para escaparse y cómo fingió su cojera.

Otis pregunta alguna vez si Keyser Söze existe. Kint responde: «¿Un jefe omnipresente y todo poderoso? ¿De verdad? ¿Cómo podría alguien hacer algo así?».

Kint tose, quiere descansar, Otis le ayuda a levantarse, luego llega la mujer y le lleva a la habitación a un costado del zaguán. La mujer lo acompaña hasta la cama. Otis tiene un último cruce de miradas con la mujer antes de cerrar la puerta. Kint se sienta en la cama, tose de nuevo. «Listo, querida. Aquí estoy bien», dice con los ojos cerrados y medio encorvado. Ella entonces suelta su leve sonrisa y mira a Otis en la puerta. Él asiente despacio. Bandley aparece en el zaguán y le invita unos tragos fuera de la casa.

Ya en el patio, se dirigen al pequeño cobertizo en la esquina. Dentro, ve a los miembros de su equipo jugando dados en el piso, todos beben de una botella de tequila que pasan de mano en mano. Él se acerca sonriendo, pide la botella. Levantan la cabeza, miran a Bandley aún bajo el marco de la puerta. Silencio. Otis voltea, mira a Bandley que se le acerca y le dice:

«Dios envió a su hijo que murió por nuestros pecados y luego volvió con su Padre. El Diablo hizo lo mismo, pero su hijo no murió y sigue con nosotros».

Badley toma la botella, da un trago y la devuelve a los jugadores, luego pasa su brazo por encima de Otis y lo invita a salir del cobertizo. Ya afuera le indica:

«El jefe te tiene un trabajo: necesitamos sacar un cargamento del puerto de Miami. Yo me ofrecí, pero él enfatizó que era muy importante. Así que ordenó enviar a su sobrino: Stimwie Kint».

Bandley le entrega las llaves de un auto a Otis, le indica que el auto está al frente de la casa y se da media vuelta. El joven camina hasta el vehículo, antes de subir ve a la mujer fumando en el porche de la casa. Ella lo mira con ojos vidriosos.

Ben Otis murió en Texas y Stimwie Kint regresó a Miami.

***

Al inicio de tercer acto (conclusión de la historia A), Stimwie Kint le pide a Dave Kujan un vaso de agua al terminar su relato. El Comisionado se levanta, la mitad cenicienta de su cigarrillo se desprende y da pasos lentos hasta la mesa donde reposa una jarra de agua y un par de tazas blancas.

«Supongo que en el día hay café, pero ya es muy tarde». Tira el resto del cigarrillo en la papelera, toma una taza y antes de servir el agua las mira por debajo, tal vez tiene un deja vu de su último encuentro con Verbal Kint. Tazas blancas, sin inscripciones, sirve el agua, despacio. Mientras hace todo esto, levanta los ojos y mira hacia el espejo doble que tiene enfrente.

Detrás del espejo, un par de agentes que han escuchado todo se han ocupado de cotejar cada dato que soltó Kint. Hay una impresora que ha trabajado silenciosamente todo el tiempo y deja caer una última hoja sobre otras. Un agente se levanta presuroso, pone las hojas dentro de una carpeta manila, toma una segunda carpeta ya preparada y sale del cuarto para entregársela a Kujan en la sala de interrogatorio.

Kujan da media vuelta y deja la taza frente a Kint y se sienta, el sospechoso bebe sediento. El agente abre la puerta, entra y entrega las carpetas a Kujan.

«Esto es para usted, Comisionado», dice el agente al soltar los documentos y se queda de pie, con los brazos en jarra mientras Kujan abre una carpeta, luego la otra. Las revisa, asiente, hace algún gesto con las cejas, pone las carpetas en el escritorio.

Luego, Kujan le explica a Kint que tiene en su mano dos expedientes: uno de Ben Otis, un delincuente menor del que no hay señales desde hace cinco años. «Tal vez esté muerto», dice. Y el otro archivo, con fechas recientes y bien nutrido es de Stimwie Kint.

«Varias acusaciones, veo posibles condenas consecutivas. Pero, según lo que contaste, debería ser lo contrario».

Kujan mira las dos carpetas, mira hacia una esquina del cuarto y, finalmente, le dice al prisionero:

«Uno de estos perfiles es falso, será muy fácil saberlo más tarde cotejando las huellas dactilares. Sospecho que el real será el de Stimwie Kint. Ese es el que irá a la cárcel y tal vez sea asesinado antes del juicio. Para Söze será muy fácil organizar eso. Sin embargo, llegaste a mí con toda esta historia de Ben Otis porque necesitas una muerte heroica para Otis y la tendrás. Pero no la que me contaste, más bien, puedes decir que en el día del retiro de Dave Kujan; Ben Otis, entregó al último de los Kint como un regalo de parte de Keyser Söze. Bien hecho».

Luego Kujan le dice al agente que sólo siga el protocolo regular y notifique de todo a sus superiores. Sale del cuarto de interrogatorios y va hacia recepción del edificio de la policía. Ya clarea la mañana, cuando llega a la antesala de la estación un agente desde el counter le llama:

«Disculpe, Comisionado. Dejaron esto para usted».

Kujan se detiene, el oficial le entrega un paquete y se marcha. Kujan, palpa el sobre, hay una caja dentro. Mira el remitente: K.S.

Sale de la estación y tira el paquete en una papelera en la acera y se dirige a su auto. Su sucesor, Chad Monroe, viene caminando por la acera, ve el paquete sin abrir en el cesto y le dice:

«¡Hey, Kujan! ¿Ya no quiere regalos de retiro?»

Kujan abre la puerta de su auto y antes de subir responde:

«Déjalo. Ahí no hay nada, sólo aire».

JD

Javier Dominguez

@javier-dominguez